Hacer terreno: un método interdisciplinario para la historia de las circulaciones, por Diego Ortúzar

El estudio de las circulaciones en espacios periféricos desde una perspectiva material ha sido abordado principalmente por investigaciones de las ciencias sociales, en particular desde la antropología y la geografía, con un fuerte anclaje en el trabajo de terreno. Una vasta literatura en esa línea ha analizado, por ejemplo, los efectos sociales de la llegada de una carretera o de vehículos motorizados a zonas remotas.[1] Desde la historia, en cambio, el estudio de las circulaciones tiende a privilegiar el trabajo en archivos, un énfasis comprensible cuando se estudian medios de transporte ya fuera de circulación y eventos rastreables en prensa y otras fuentes documentales. En ese marco, los viajes de investigación suelen centrarse en visitas a archivos, complementadas en algunos casos con entrevistas y desplazamientos a los sitios donde se desarrollaron los hechos examinados. Sin embargo, conviene señalar que la investigación histórica también puede servirse de viajes que no se limitan a localizar una u otra fuente.[2] El trayecto y sus rugosidades pueden ser también objeto de estudio, cuestión que las ciencias sociales encaran mediante trabajo de terreno basado en observaciones, entrevistas, registros audiovisuales, etnografías y revisión de documentación.

El estudio de la historia de las circulaciones puede beneficiarse ampliamente de este tipo de prácticas. Basta detenerse en poblados, cruces o puestos comerciales que crecieron o, por el contrario, perdieron afluencia tras la apertura de un camino que atravesó una quebrada, un valle o una zona contigua. Allí, el registro de testimonios, paisajes e impresiones puede ser fundamental para comprender las transformaciones de geografías y poblaciones. Incluso la propia materialidad del camino puede constituir una fuente de datos: marcas presentes sobre la ruta o en sus proximidades, como chatarra, puentes o caminos en desuso, monumentos mortuorios o restos de animales; o capas de ripio que condensan años de proyectos viales, deterioros y reparaciones, junto con el trabajo obrero de acarreo y aplanamiento de toneladas de material, a menudo en condiciones adversas.

Estas y otras señales fragmentarias son abundantes y adquieren relevancia analítica cuando se articulan con datos procedentes de entrevistas u otras fuentes.[3] El material impreso y manuscrito también puede emerger en el terreno, aunque en ciertos casos desprovisto de la institucionalidad archivística que conserva, clasifica y regula su acceso. Este tipo de documentación ha sido especialmente recuperado por investigaciones sobre la historia de la desindustrialización,[4] que indagan en infraestructuras abandonadas como hospitales, puestos fronterizos, company towns e incluso cementerios,[5] donde sobreviven documentos pese a la descomposición y al saqueo. Los estudios en historia de la técnica y del medioambiente han avanzado en un sentido similar, recurriendo en ocasiones a asociaciones comunitarias, radios, bibliotecas y familias que preservan cartas, fotografías, recortes de prensa y otros documentos.[6]

El proyecto Interrupciones[7] de la Agencia Nacional de Investigación en el que colaboro, con sede en Francia y foco en regiones surandinas, adopta esta perspectiva que concibe la investigación histórica como parte del trabajo de terreno y viceversa. Uno de sus ejes es el estudio de los accidentes de ruta, combinando datos procedentes de archivos históricos y del trabajo de terreno. De ese modo, ha sido posible estudiar vialidades de carreta o troperas del siglo XIX, así como infraestructuras de transporte motorizado del siglo XX, contrastadas con observaciones y registros in situ que muestran cómo algunas de esas huellas han devenido autopistas de alta velocidad. Los cambios no han ocurrido sin costos: algunas curvas y descensos andinos trazados para la tracción animal han resultado fatales para la circulación de autobuses y camiones.[8] También ha sido analizada la proliferación reciente de vehículos motorizados, en particular de motocicletas tipo scooter, en geografías periféricas que hasta fechas recientes se caracterizaban por circulaciones peatonales o de tracción animal, y que registran un aumento de accidentes que afecta principalmente a poblaciones indígenas.[9]

El trabajo de terreno ha sido fundamental para historizar estas disrupciones transportistas que han alterado las circulaciones y las economías locales, y ha permitido asimismo identificar objetos de estudio inesperados, como la fragilidad de las infraestructuras camineras frente a dinámicas medioambientales que las erosionan o incluso las hacen desaparecer, o los cortes de ruta que en ciertas regiones constituyen una forma frecuente de acción política. El proyecto Interrupciones ha examinado también este último fenómeno, que en algunas rutas es tan antiguo como su inauguración y tan extendido que resulta difícil esquivarlo en el trabajo de terreno. Esta aproximación desde el terreno a la historia de las circulaciones permite, en consecuencia, diversificar los objetos de interés y enriquecer aproximaciones históricas basadas en el trabajo de archivo. Produce además datos que pueden diferir e incluso situarse a contrapelo de las declaraciones de expertos en vialidad o de la documentación conservada en archivos ministeriales que, con frecuencia, celebran tal o cual hazaña en materia de obras públicas y alimentan relatos de progreso nacional o regional.

Diego Ortúzar es un investigador independiente, miembro asociado del laboratorio PRODIG – Polo de Investigación para la Organización y la Difusión de la Información Geográfica (UMR 8586), basado en Francia.


[1] Nora Mareï y Jérôme Lombard, “Tous les chemins mènent à Nouakchott. Routes, usages et territoires dans la Mauritanie contemporaine”, Flux135–136, núm. 1 (2024): 59–88, https://doi.org/10.3917/flux1.135.0059; Vera Kuklina y Edward C. Holland, “The roads of the Sayan Mountains: Theorizing remoteness in eastern Siberia”, Geoforum 88 (2018): 36–44, https://doi.org/10.1016/j.geoforum.2017.10.008.

[2] Rosa E. Ficek, “La carretera de Darién, el Estado panameño y los pastos sin historia (1971-1977)”, en Pensar las infraestructuras en Latinoamérica, Teseo Press, de Dhan Zunino et al. (Buenos Aires, 2021).

[3] Penny Harvey y Hannah Knox, Roads: An Anthropology of Infrastructure and Expertise (Cornell University Press, 2015); Simón Uribe, Frontier Road: Power, History, and the Everyday State in the Colombian Amazon, Antipode Book Series (John Wiley & Sons, 2017); Bianca De Marchi et al., Transportes, pasajeros y vías: aproximaciones a la historia de la integración boliviana, Geografía e historia (La Paz, Bolivia) (Centro de Investigaciones Sociales, 2020).

[4] Nicolas Offenstadt, Urbex RDA: l’Allemagne de l’Est racontée par ses lieux abandonnés (Albin Michel, 2019).

[5] Damir Galaz-Mandakovic, “Las ruinas de la necrópolis del puerto de Cobija: saqueos, tesoros y la cleptomanía necrófila chilena”, Piedra de Agua, núm. 29 (2022): 46–57, https://hal.science/hal-03983547.

[6] Jeanne Féaux de la Croix y Mohira Suyarkulova, “The Rogun Complex: Public Roles and Historic Experiences of Dam-Building in Tajikistan and Kyrgyzstan”, Cahiers d’Asie Centrale, núm. 25 (2015): 103–32, https://journals.openedition.org/asiecentrale/3123.

[7] Cf. https://anr.fr/Project-ANR-21-CE03-0017

[8] Nicolas Richard y Diego Ortúzar, “La penúltima curva de Paposo. Agentividad técnica, social e histórica de una infraestructura vial”, Punto sur, núm. 9 (2023): 28–47, https://doi.org/10.34096/ps.n9.12715.

[9] Nicolas Richard et al., La velocidad en los mundos lentos. Accidentes, máquinas y sociedades en América del Sur (Edizioni Ca’ Foscari, 2025).

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